LOS MIEDOS, ¿se aprenden?

Autora: M.Sc. Mariana Castro Leyva.
(Adaptación del Libro: "Orientaciones educativas sobre algunas conductas del niño preescolar". Colectivo de autores.)

Los primeros años de vida los niños son protegidos de los estímulos del medio ambiente, y si bien su desarrollo incipiente impide que se percate fácilmente de las situaciones o estímulos que le pueden provocar miedo, esto no quita que en el niño menor de un año, incluso, puedan darse situaciones que le causen inseguridad y, por consecuencia, temor.

Cada año que pasa, son más y más las cosas que aparecen que pueden asustar a los niños; a medida que pasa el tiempo y su desarrollo es más amplio, sus temores pueden ser mayores, pues ya son capaces de reconocer amenazas en objetos, situaciones, e incluso, personas, como no podían antes.

Los temores se aprenden, pero no todos de la misma forma, pues en esto influyen las experiencias de cada niño en particular.

¿Cómo sabemos que un niño tiene miedo?
- En los niños menores de tres años, lo más característico es que lloren cuando tienen miedo, escondan su cara y se aparten del objeto temido, o se escondan tras una persona o mueble. Al aumentar la edad también acuden al llanto, aunque se notan las impresiones de miedo en la cara.

- Los niños mayores no sólo quieren mostrar miedo, sino que intentan huir de las situaciones si creen que pueden resultar peligrosas. Cuando están frente a lo que temen, expresan verbalmente su miedo o lo hacen de forma indirecta con una "pataleta" o cualquier otro gesto.

- A veces, se da una conducta contraproducente, y el niño se queda como "paralizado" ante el objeto provocador del miedo. Esto casi siempre se acompaña de sudoración, ansiedad y rostro atemorizado. Este caso es muy serio, pues el temor que siente el niño es tan grande que ha llegado, incluso, a impedir que se aleje de lo que teme.

¿A qué se deben los miedos?
- Hay estímulos que de modo natural pueden causar miedo como, por ejemplo, los ruidos fuertes y bruscos, las explosiones, otras.

- Por imitación también puede surgir el miedo: si un adulto que tiene trato directo con el niño le tiene miedo a determinadas cosas o animales, él lo imitará en esto y le tendrá miedo también.

- Si el niño se encuentra entre adultos que le tienen miedo a todo, será miedoso.

- Las experiencias desagradables, como el médico, el dentista, los hospitales y ciertas personas, se convierten para el niño en un agente provocador de mEl infundirle temor con algún animal o persona para controlar su conducta, es decir, para que nos obedezca, también provoca miedo.

- A métodos incorrectos de tratar al niño como: asustarlo y tirarle animales, objetos, etcétera, o provocarlo, no como una vía para controlarlo, sino como una "gracia".

- A experiencia de terror que aparecen en las películas, televisión, cuentos, otras.

¿Qué hacer para evitar la aparición de los miedos?
- No infundirle miedo al niño para lograr que sea obediente, para que coma, o simplemente, para que esté tranquilo.

- El adulto debe mostrar una conducta serena y sin miedo en situaciones difíciles o de tensión, de manera que el niño no pueda aprender por imitación.

- Preparar al niño cuando va a tener una nueva experiencia, dándole un pequeño aviso o explicación sobre lo que va a ver u oír. Ejemplo: una visita al zoológico, la actuación de un payaso, una función de títeres, requieren que se le diga antes de que suceda para prepararlo.

- No rechazar al niño o ridiculizarlo, no decirle: "Eres un miedoso" o "No sirves para nada", otras. Es mejor aceptar su miedo, darle seguridad y tratar de ayudarlo a que lo supere.

¿Qué hacer para eliminar los miedos?
- Darle seguridad y afecto, no separándose el adulto del niño, y manteniéndolo preferiblemente cargado, mientras el objeto de miedo esté presente.

- Mantenerse sereno el adulto, y no demostrar nunca que él tiene miedo.

- El objeto al que el niño teme, se le debe mostrar poco a poco, y aprovechar los momentos en los cuales se siente más seguro.

- Nunca se debe obligar al niño a que toque el objeto que teme. El adulto debe por sí mismo tocar el objeto que provoca el miedo, de modo que el pequeño se percate de que es inofensivo. Al realizar esta acción no debe tener cargado al niño, ni muy cerca, pero sí que él pueda observar bien lo que se hace.

- Procurar que vea a otros niños jugando con el objeto que teme, y favorecer cualquier intento que el niño haga por acercarse o manipular el objeto temido. Por ejemplo, al ver jugar a otros niños con un perro, es posible que se anime y trate primero de observar, luego de acercarse y, por último, tocarlo.

- Estimularle en forma indirecta todos los intentos que en otras situaciones impliquen un gesto "valiente". Esto se logra alabando lo que ha hecho y no diciéndole que no tiene miedo ahora.

- Si el niño logra ponerse en contacto con el objeto o cosa temida, aceptar esto como muy natural, sin recordarle que antes le temía.

- El vencer el miedo debe aceptarse como algo normal para demostrar en forma indirecta que no había motivo para ello.

El tratar de desviar la atención del niño del objeto, animal o fenómeno al cual le tiene miedo, o tratar de que no se enfrente a lo que le tiene miedo, no es una medida correcta. Así nunca logrará vencer su temor.



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