LAS PERRETAS, ¿cómo actuar ante ellas?

Autora: M Sc. Mariana Castro Leyva.
(Adaptación del libro "Orientaciones educativas sobre algunas conductas del niño preescolar". Colectivo de autores.)

Las perretas infantiles son una de estas conductas típicas que suelen presentar los pequeños. Los más chiquitos lloran, gritan, patalean y retuercen el cuerpo, mientras que los mayores se tiran en el suelo, a veces golpean a todo el que los rodea y hasta llegan a golpearse a sí mismos. En muchos casos, acompañan este cuadro con insultos y malas palabras.

Los padres deben conocer a sus hijos profundamente para saber cómo actuar ante las diferentes manifestaciones de su conducta.

¿Por qué se presentan las perretas?

Hay varias causas.

La reacción del niño ante un hecho que le desagrada o le causa una gran incomodidad, como por ejemplo:
- La interrupción de una actividad que realiza con mucho interés.
- Impedirle a la fuerza que se mueva o ejecute alguna acción para lo que se sienta capaz (comer, vestirse, otras).
- Porque se le niega algo que es posible brindarle, digamos, un juguete.
- Puede producirse por la incubación de una enfermedad física, el cansancio, el hambre, el sueño o el miedo.
- Un cambio en su horario de vida.
- Enfrentarse a una nueva situación.

Pero........ ¡Estemos atentos!

El niño puede utilizar este mecanismo como medio de atraer la atención, cuando no se siente querido ni atendido por los PADRES Y ADULTOS que le rodean o cuando siente que su apoyo y seguridad le faltan; esto puede deberse a problemas emocionales en el hogar, tales como el nacimiento de un hermanito, pérdida de un ser querido, divorcio de los padres u otros.

¡Muy preocupante! Si el niño llega a comprender que cuando a él le da la perreta, lo dejan hacer lo que quiere, aunque no sea correcto, como por ejemplo, jugar con fósforos u otros objetos no permitidos.

¿Qué se debe hacer para evitar las perretas?

- Lo primero es que el niño sepa qué debe y qué no debe hacer, y además, tenga bien claro que esto se cumple siempre igual, independientemente del lugar o momento concreto.

- Satisfacer siempre las necesidades del niño, no como si fuera un deber, sino con afecto y deseo de que se sienta cómodo y seguro. Esto no debe limitarse a sus necesidades biológicas, sino que debe incluir la necesidad de nuevas impresiones, la de independencia y la de exploración. El pequeño debe tener libertad de acción siempre que ello no signifique una situación peligrosa para él.

- Respetar los derechos del niño; que se le avise con tiempo cuando va a pasar de una actividad a otra para que esté preparado; no imponerle medidas arbitrarias, no proceder injustamente con él.

- Tener presente las situaciones por las que puede estar atravesando un niño en su casa, en otro lugar donde esté temporalmente o en el círculo infantil, para apoyarlo y hacer que las sobrepase de la mejor forma.

Si el niño se siente satisfecho y seguro, es poco probable que dé una perreta. No obstante, puede incomodarse por algún objeto que no podemos darle. Es importante, que en este caso se trate de desviarle la atención hacia otra cosa que sí puede obtener, alejarlo de la situación prohibida, hablarle y ocuparlo en otra cosa interesante. Esto puede lograrse si se maneja al niño con habilidad, sobre todo en el caso de los más pequeños.

¿Y qué hacer si surgen las perretas?

- En este caso, es muy importante no ceder ante la perreta, es decir, no ofrecer el objeto o la actividad que le haya originado, para evitar que el niño adopte la perreta como un medio para obtener lo que desea.

- El niño no debe notar que nos preocupa su proceder, hay que actuar serenamente y sin mostrar mucho interés, como si no le diéramos importancia a su perreta.

- No se le debe gritar, ni amenazarlo, ni regañarlo; además, en ningún momento se le puede acusar de que es malo o de que no se puede con él.

- Es muy importante que el niño que tiene una perreta no se convierta en el centro de una escena dentro de un grupo de niños o adultos. Hay que separar las personas que rodean al niño y mantener a éste aislado, aunque cerca, para poder vigilarlo.

- Los padres deben tener presente que durante la perreta el niño no va a entender ninguna razón, por lo que no se debe insistir en este momento, sino que, una vez finalizada la crisis, se analizará la situación con el pequeño, de forma cariñosa, para que él sienta que no se le guarda rencor, hay que acariciarlo y darle seguridad siempre, con mucha paciencia y serenidad.

- Una situación difícil que acompaña a las perretas son las agresiones dirigidas a los adultos o a otros niños, o las que el pequeño realiza contra sí mismo. En este caso, los padres o adultos que lo acompañan, no pueden mostrarse tan indiferente porque no pueden permitir que el niño lastime a otro o a sí mismo; en casos como éste, se hace necesario tratar de inmovilizar al niño y mantenerlo sujeto hasta que pase la crisis. Es importante que durante esta acción el adulto mantenga su ecuanimidad, evitando por todos los medios actuar agresivamente o con brusquedad. Después, se procederá de la misma manera que los otros casos de que ya hemos hablado.

Si las perretas se tratan adecuadamente, no tienen el por qué ser frecuentes, ni constituir un problema para nadie.

Comentarios


Deja un comentario