LA INFORMÁTICA. EL JUEGO Y LOS JUGUETES

Autora: OLGA E. FRANCO GARCÍA


Cada día se trasmite más la idea de que la computadora es una herramienta imprescindible. El impresionante despliegue de la Informática en los últimos cincuenta años, ha convertido a esta máquina, en los países desarrollados, en un miembro más de la familia.

Sabemos que para manejar una computadora no hay que conocer ningún lenguaje de los que usan para programar. Basta con señalar, mediante una flecha, las opciones proporcionadas de antemano. No es necesario dominar el mecanismo. Por eso, muchos niños y niñas en dichos países cuentan con dichos "juguetes".
Según una revista española, regalarles un ordenador a los niños, no solo es una inversión para el futuro, sino que es una hipoteca. También en ese mismo material se refleja como en Londres existe un colegio: "Learnig Centre", que "cura" a los niños "enganchados al ordenador".
A nuestro juicio, los juegos de ordenadores o computadoras, cuando no se seleccionan adecuadamente, ni se tiene en cuenta el tiempo que los pequeños le dedican a esta actividad, por citar algunos ejemplos, puede contribuir una forma de evasión; provocando el abandono de las responsabilidades escolares, bajos resultados académicos; propiciar el asilamiento, el juego solitario, además, de dar lugar a problemas de adaptación y socialización. Los niños se convierten en "adictos" a las máquinas, lo que hace que evadan los problemas personales, que no desarrollen conductas sociales; impiden la comunicación y la manifestación del componente social y afectivo. En sentido general, privan a los infantes, de la tan necesaria actividad física y lo peor, en ocasiones empobrecen su mundo.
Nosotros no decimos que la computación y las computadoras sean perjudiciales, no, lo nocivo es que algunos pequeños se refugian en ellas de manera descontrolada.
"Los ordenadores están diseñados para alcanzar la idea correcta, cuando lo realmente importante en la educación de un niño es tener muchas ideas" (1)
Estas son algunas de las razones para que el único juguete de muchos niños y niñas en el mundo no sea precisamente la máquina computadora, o el iPad como ya se practica muy frecuentemente.
A modo de conclusión podemos reiterar que el juego, esa actividad tan importante para el niño como comer y dormir, es también una forma básica para su aprendizaje y su desarrollo. Cuanto más curioso y activo sea, cuanto más interés muestre por manipular, accionar con objetos y "comprender" las cosas, más lejos llegará en su desenvolvimiento como ser humano. Ningún juguete por sí solo le va proporcionar esa curiosidad. Esto se logra si el conjunto de su educación la potencia. Aparecerá en su vida, si los adultos que los rodean, los estimulan, los enseñan, les muestran los modos de actuar con esos objetos. Si juegan con ellos, el juego se hará más rico, se convertirá en medio de educación.
Los padres y educadores tienen responsabilidad directa en la formación de los niños y, por tanto, en la creación, mediante el juego de un entorno armonioso, donde se forme y se desarrolle la personalidad de los pequeños. De tal modo, es necesario insistir en darles a los niños juguetes que contribuyan a orientar juegos apropiados a las diferentes edades, juguetes que los alegren, los eduquen, que reflejen el maravilloso mundo del trabajo de las personas, de las relaciones interpersonales y la vida en la sociedad; juguetes que contribuyan a la creatividad, al desarrollo de las capacidades intelectuales, a la imaginación; juguetes que propicien la cooperación con otros niños, que fomenten el juego colectivo, donde reine la solidaridad y el afecto.
El juguete, compañero inseparable del juego, es un producto social, es el resultado del desarrollo de la cultura y como tal, refleja y trasmite los valores de la sociedad que lo crea, su concepción del mundo, su ideología. Por esta razón, para seleccionar o producir un juguete es necesario hacer coincidir lo comercial y lo económico con los criterios educativos, con los valores y la cultura que aspiramos a formar en ellos.
El mejor juguete no es necesariamente el más complicado ni el más llamativo y mucho menos el más costoso. Estos últimos, en la mayoría de los casos, no son juguetes para jugar, sino para exhibirlos, para admirarlos.
El juguete será más valioso si ofrece a los niños y las niñas la posibilidad de fantasear, de soñar, de conocer el mundo, de saber, de hacer, de ser, de pensar, de crear, de relacionarse con otros niños. Y por encima de todo, de ser felices, sobre la base de las valiosas raíces culturales que guarda cada pueblo.

1. Autores varios. Aprender a Jugar, Aprender a Vivir APDH, España, 1991.


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