¡Qué buena la lluvia!
De repente todo se ha puesto oscuro, a lo lejos se ve relampaguear acompañado a intervalos de estruendos, que hacen que Canela cada vez que los oiga se esconda debajo de la mesa recogiendo la cola.
Los niños pegan su naricita en el cristal de la ventana, viendo como corren por el vidrio las gruesas gotas de lluvia -¡Qué aguacero! - Exclama uno de los pequeños -Ya no podremos ir a jugar con Canela en el patio- se quejaba otro, parece que nunca va a escampar, qué mala es la lluvia – agregó un tercero.
El abuelo, que regresaba en ese momento del campo porque comenzaba a llover al escucharlos le dijo _ Vengan les voy a contar un cuento sobre la lluvia. Todos corrieron a ocupar su puesto cerca del abuelo y Canela se sentó de un salto en sus piernas.
Hace muchos, pero muchos años hubo en estas tierras una gran sequía, el arroyo que bordea la aldea se secó tanto, que se le veían todas las piedras del fondo, por lo que los peces se marcharon a otros lugares en busca de agua donde poder nadar. Casi todas las plantas se habían secado, los animales estaban muy flacos por falta de agua y comida, el agua del pozo apenas alcanzaba para beber. Los hombres estaban muy preocupados y decidieron visitar los pueblos cercanos en busca de ayuda, pero todos estaban en la misma situación. Entonces el más anciano de todos recordó algo que le habían contado sus abuelos cuando era pequeño, les comentó que le habían narrado como hacían una especie de baile para atraer la lluvia.
Así que decidieron probar suerte y hacer un baile como el que hacían los hombres que habían vivido en esas tierras hace muchos años. Todos salieron al patio y después de pintarse las caras con muchos colores, comenzaron a tocar los tambores y a bailar.
Pasaron varias horas y nada, no caía ni una gota de agua, hasta que de pronto comenzó de nuevo a llover. ¡Qué alegría! Había vuelto la lluvia.
Con las lluvias el arroyo volvió a tener agua y regresaron los peces, las plantas crecieron y dieron muchas frutas, los animales engordaron nuevamente y los hombres tenían que comer.
¡Qué buena es la lluvia! -exclamó Paquitín, -si abuelo- dijeron a coro los niños, al que se unió un ladrido de Canela, como si comprendiera lo que el abuelo les había contado.
En ese momento dejó de llover y todos salieron al portal a contemplar el arco iris. Canela en cambio corrió hasta el patio para chapotear en los charcos, llenándose de lodo hasta la nariz.