EDUCACION SOCIO MORAL

SEGUNDO CICLO (Segundo y tercer año de vida)

CARACTERIZACION DEL PROGRAMA

Los logros alcanzados por el niño en el primer año de vida en  el lenguaje, la marcha independiente y la actividad con los  objetos hacen de este ciclo una etapa particularmente fecunda en el  desarrollo socio moral del niño.

Los objetivos del programa están encaminados a que el niño asimile  sencillas normas sociales que se conviertan  progresivamente en  guías de su acción en lo que el adulto juega el papel  fundamental.  De ahí su gran contribución a la socialización del niño.

Sus contenidos se dirigen a ampliar y lograr mayor estabilidad en el desarrollo emocional del niño, a satisfacer su creciente necesidad de independencia y de reafirmación de su yo, aspectos  fundamentales en el desarrollo de su personalidad.

En este sentido se propicia y estimula el surgimiento de las  interrelaciones  infantiles, fundamentalmente en el juego, el  contacto con el mundo que lo rodea, objetos, plantas y animales,  la formación y desarrollo de hábitos culturales y la realización  de acciones laborales sencillas, aspectos estos últimos que  contribuyen a formar los rasgos volitivos del carácter.

Se articula con el programa de Educación Socio Moral que se  inicia en el 1er año de vida y con el que continua en el ciclo  4to-5to.   Dentro del ciclo se interrelaciona con las demás áreas  de desarrollo,  pues  todas en mayor o menor medida  contribuyen  al logro de los objetivos propuestos.

De manera muy especial requiere de la educación familiar, pues su colaboración   es  indispensable  para  lograr  una   influencia sistemática que permita alcanzar los objetivos propuestos.

OBJETIVOS

La educadora trabajará para que los niños del ciclo:

- Mantengan un estado emocional alegre y activo.

- Asimilen sencillas normas sociales.

- Desarrollen sentimientos de amor hacia su familia.

- Establezcan relaciones positivas con los adultos y demás niños.

- Regulen su conducta a través del lenguaje.

- Asimilen hábitos alimentarios y coman solos.

- Incorporen hábitos higiénicos culturales y de validismo.

- Realicen sencillas encomiendas con agrado y satisfacción.

ORIENTACIONES METODOLOGICAS

En  este  ciclo el trabajo a realizar en la esfera  Socio  Moral, aunque  persigue  objetivos comunes que se evalúan al  final  del mismo, no se pueden dejar de tener en cuenta las diferencias  que marcan el desarrollo de los niños de cada año de vida.  Por  ello se  debe encaminar su trabajo en función de los logros a  obtener en  el año, de acuerdo a las particularidades de cada niño y  del grupo en general.

Teniendo en cuenta que la educación moral está presente en  todos los momentos de la vida del niño no se establece en el horario de actividades ninguna frecuencia dedicada a estos objetivos, por lo que se trabajan a través de las demás áreas de desarrollo.

Requiere del personal docente una preparación previa para el  dominio del programa y las orientaciones metodológicas que le  permitan abordar con efectividad cada aspecto en el momento  oportuno,  ya que sus  contenidos no tienen un orden determinado  y  se trabajan en todas las actividades y procesos en que participa  el niño.

Con respecto al desarrollo emocional es necesario tener en cuenta que  los niños de segundo año de vida, cambian con frecuencia  de estado  de ánimo lo que determina la necesidad de  proporcionarle un ambiente estable y consecuente con su necesidad de socialización a fin de propiciar patrones positivos que los ayuden a  mantener una conducta adecuada.

En este año de vida el establecimiento de una relación  emocional positiva  con los adultos continúa siendo la vía  más  importante para  la satisfacción de sus necesidades afectivas, por  ello  en todo  momento se debe lograr que los niños se sientan queridos  y apoyados.

Siempre que realicen una acción se elogiarán para contribuir a la formación  de  emociones positivas que a su vez los  estimulen  a realizar  nuevamente esas acciones.  Si por el  contrario  surgen emociones negativas deben consolarlos, conocer la causa para eliminarla, brindándole seguridad y cariño.

En  los niños de tercer año se operan cambios  significativos  en cuanto a las emociones como resultado del desarrollo de su  lenguaje,  de  las acciones con objetos y la independencia,  lo  que determina  la  necesidad de proporcionarle un ambiente  pleno  de estímulo  con  actividades que garanticen en ellos un  estado  de ánimo alegre y activo.

En  estas edades es indispensable identificar las necesidades  de los niños para atenderlas, no permitiendo que lloren por períodos prolongados, mantenerlos limpios, hablarles con cariño y responder  a sus requerimientos para jugar.  No comparar a un niño  con otro, tampoco  engañarlos, pues se les crea inseguridad.

Si  se satisfacen a tiempo las necesidades y deseos de los  niños se  evitarán manifestaciones de perreta como llorar, gritar,  tirarse al suelo, patear.  De no poder solucionar lo que desean, se les hará comprender sin impacientarse.  No se debe ceder ante las perretas, pues crea un mecanismo inadecuado para satisfacer  sus deseos.

También se estimulará el contacto con los demás niños que, aunque es aún incidental en 2do año, enriquece el campo de sus relaciones.   Pueden realizar para ello juegos musicales, motores o  didácticos,  observación de láminas y libros, paseos donde  disfruten  de nuevas experiencias, estimulándoles a que se acerquen  y conversen con otros niños y demostrándoles agrado ante dicha compañía.

Las  interrelaciones entre los niños dependen mucho de  cómo  los adultos que les rodean se relacionan con ellos.  El ejemplo positivo de los adultos es muy importante.  Las situaciones  tranquilas, el acercamiento cuidadoso y el tono afectuoso desempeñan un papel principalísimo.  La comunicación entre ellos debe  formarse sobre la base de alegres vivencias colectivas con juegos como por ejemplo:   "A los escondidos", "A que no me alcanzas", etc.  También juegos en que se ejerciten la habilidad de esperar su  turno como "Rodar la pelota".  Estos tipos de juegos alegran a los  niños.

Los niños de 2do. también se familiarizarán gradualmente con personas  y ambientes desconocidos, pero sin forzarlos cuando  muestren desagrado por una persona o lugar.

Se educará en ellos el cariño a los familiares y personas que les rodean,  la actitud cariñosa hacia los otros niños, la  compasión por  el niño que llora o se ha hecho daño, por los personajes  de un cuento, la habilidad de jugar con tranquilidad sin  molestarse entre sí ni quitarse los juguetes.

En  el trabajo para desarrollar y profundizar en la  comunicación afectiva entre niños y adultos, adquiere una significación especial  la relación de los niños con su familia y las  representaciones que debe adquirir acerca de ella.

En este sentido se debe estimular en los niños el amor y el cariño hacia los miembros de su familia; resaltar el papel que  estos juegan en su cuidado y protección, aspectos a tener en cuenta  en la labor educativa con los niños en estas edades.

Con  los  niños de 3er. año de vida se pueden  utilizar  diversas vías  para propiciar la formación de estos sentimientos como  por ejemplo, que preparen pequeños regalos para sus padres que pueden ser  dibujos, trabajos de aplicación u otros; el desempeño de  un rol  en el argumento de la familia, por ejemplo:  jugar a ser  el papá,  la mamá o el hermanito; representar situaciones  hogareñas como  cocinar, lavar, planchar, hacer trabajos de jardinería,  ir al mercado.

También  se pueden establecer conversaciones con los temas:   "Mi casa",   "Mis   hermanitos".   Mis  juguetes   preferidos",   "Mi abuelita", "¿En qué trabaja mi mamá y mi papá?  "¿Quiénes viven en mi casa?"; inventar relatos acerca de temas propuestos por las educadora  o por los niños, y la participación de los  familiares en actividades festivas en el círculo infantil.  También los  estimularán  a ser cariñosos con sus padres cuando se  despiden  de ellos por las mañanas o cuando vienen a buscarlos por la tarde.

El  establecimiento de las relaciones con el adulto, debe  partir de  una  muestra constante de amor y apoyo. De ahí  que  se  deba brindar a los niños un ambiente de libertad y espontaneidad  para que se expresen con seguridad y confianza. Deben sentir, en  todo momento, que las personas mayores los quieren y están  dispuestos a brindar su ayuda.

En el establecimiento de estas relaciones resulta de interés  que se  cree  una  relación mutua. Es decir, en  la  medida  que  se comuniquen con los niños propiciarán que éstos acudan al  adulto ante cualquier situación que así lo requiera.  Dar encomiendas es una vía adecuada para iniciar las relaciones y favorecen a su vez la comunicación con otros adultos.

A partir del 2do año se deben realizar actividades conjuntas con los niños, que faciliten la comunicación y las acciones para  conocer los objetos y el medio que los rodea.  Esto es muy  importante  para el dominio del habla, el juego y la formación de  una conducta activa.

En el juego se relaciona más ampliamente con el mundo de los  objetos y en la medida en que amplía su lenguaje, activo y pasivo, puede comprender y a su vez expresar mejor sus emociones, lo  que favorece sus relaciones sociales en general.

Es  necesario  tener en cuenta que el lenguaje además de  ser  un medio de comunicación se convierte en un regulador de la conducta.  A partir de 2do. año de vida mediante las palabras se  puede y no se puede, los niños aprenden normas de conducta que  sientan las bases de su posterior desarrollo moral.

Al trabajar este aspecto se tendrá en cuenta que la frase "no  se puede" es conveniente utilizarla sólo en los casos verdaderamente  necesarios.  El medio que rodea a los niños, debe  haber  más condiciones  que  favorezcan el "se puede", pues  la  prohibición  constante puede inhibir la actividad característica de esta edad.

Para ello se les hablará utilizando un tono de voz firme y sereno cuando quieran algo que no se les puede permitir, y no castigarlos o gritarles pues esto los altera y les produce intranquilidad y temor.

Los adultos que rodean al niño deben unificar los criterios  educativos a fin de poder ejercer influencias positivas, por lo  que es necesario orientar a la familia en este aspecto.

El  trabajo para la formación de hábitos se realiza en todos  los momentos del día teniendo en cuenta las características  individuales y de este año de vida.  En esto la educadora desempeña  un papel  fundamental,  ya que organizará la vida de los  niños,  es decir,  garantizará que coman y duerman de la misma forma,  a  la misma hora, que estén limpios y mantengan una vigilia activa.  De ese modo se crean las bases para la formación de hábitos, para un estado emocional positivo y estable, así como se favorece la formación de las premisas de la independencia.

Especial  atención se prestará a los hábitos alimentarios por  su contribución al estado de salud de los niños.  En ellos juegan un papel  fundamental el personal docente y el de salud que  trabajarán  conjunta  y activamente en los procesos  de  alimentación, para  lograr un adecuado estado nutricional, evitando así la  mal nutrición por exceso o defecto.

En  este período los niños pueden presentar anorexia  fisiológica (falta de apetito), por lo que se insistirá para que coman, pero sin  obligarlos en ningún caso, sino buscando una forma  adecuada de estimularlos como por ejemplo:  sentarlos con niños que tengan apetito,  elogiar  a los que comen bien, hablar de  lo  grande  y fuerte que se ponen los niños que se lo comen todo.

En  2do.  año se trabajarán hábitos encaminados a que  los  niños coman  solos  toda  la variedad de alimentos, a  que  tomen  sin derramar los líquidos y se inicien en la práctica de buenos  modales en la mesa.

En 3er. año es necesario  continuar enseñándolos a comer solos  y sin derramar los alimentos, lo que incluye la ingestión por  primera vez, de granos enteros. Se insistirá en la práctica de  buenos  modales en la mesa, referidos a cómo usar  la  servilleta  y los cubiertos, (cuchara y cucharita), orden y mezcla de  alimentos, masticación correcta y normas de cortesía.

En  los  procesos de alimentación se acompañarán con  palabras  y demostraciones todas las acciones vinculadas a la comida.  Cuando los  niños coman se estimularán las acciones  independientes,  lo que provocará una actitud positiva hacia los alimentos y la  imitación de otros niños.  Cuando coman solos aunque se embarren  se estimularán  con  frases  como:   "Qué lindo  el  niño,  ya  come solito".  Cuando se les enseña a comer un alimento nuevo se  debe ser especialmente cariñosa con el niño.

Otro de los aspectos que enriquece el desarrollo emocional de los niños es el contacto con el mundo que lo rodea.  La  sensibilidad que se despierta en ellos para percibir y observar la belleza del medio circundante es una de las bases de su personalidad en  formación.

Cuando  los niños se emocionan ante la presencia de  un  juguete,  un  perrito, un pajarito o una flor, esta vivencia pasa a  formar parte de su mundo interior y de sus valores personales.

Por  ello  se propiciará cada vez que sea posible  esta  relación directa,  estimulando la expresión emocional de los niños  y  las sensaciones de bienestar y placer, cuando por ejemplo, vea, cuide y  alimente a los animalitos, riegue, limpie o ponga al  sol  las plantas, o simplemente contemple la naturaleza en sus  diferentes manifestaciones.

Para  que el niño se emocione entre la presencia de animales,  es importante mostrar animales pequeños a los que les puedan observar,   acariciar  y  hasta  alimentar,  educando   una   actitud benevolente hacia ellos.

La educadora realizará diferentes acciones como darle leche a  un gatico, echarle comida a los pajaritos, alimentar a los pececitos de  la pecera, explicándoles con expresiones comprensibles,  para provocarles una actitud compasiva ante los animales.  Pueden utilizarse  no solo animales vivos, sino de juguetes,  por  ejemplo: la  educadora se compadece de un perrito que se ha caído  y  hace que los niños sientan lástima por él.

En las relaciones de la educadora y demás adultos con los  niños, deben propiciarse situaciones que favorezcan la aparición de  expresiones de alegría ante el elogio.  Estas se dan, por ejemplo, al  indicársele  a los niños realizar una acción  positiva,  como compartir  un juguete, cumplir una encomienda.  En 3er.  año,  se les  observará  para hacer el elogio oportuno, cuando  surjan  de manera espontánea actitudes, tales como, ayudar a un niño que  se haya  caído  o golpeado; alegrarse al ver un  compañerito  cuando llega al círculo.

En este trabajo la educadora habrá de tener mucho tacto, cuidando de  no  exagerar los elogios, ni referirse siempre a  los  mismos niños,  sino que todos tengan la oportunidad de  ser  estimulados ante los demás aunque sea por acciones sencillas.

El desarrollo de sentimientos de vergüenza ante lo mal hecho  necesita  un buen manejo pedagógico, para no lastimar a los  niños.  Solamente cuando éstos hagan una acción que merezca no ser aprobada, como por ejemplo, romper un objeto o molestar a un compañerito, con sumo cuidado se desaprobará dicha conducta en el momento del hecho, para así propiciar las primeras manifestaciones de vergüenza en los niños.

Para  que comprendan formas elementales de  relaciones  sociales, como  jugar amistosamente y relacionarse con los demás niños,  se propiciará durante los juegos condiciones favorables para unirlos en pequeños grupos. La formación de esas agrupaciones deben estimularse, y organizar contactos sistemáticos y  prolongados  entre ellos, así como enseñar formas positivas de relaciones mutuas.

Se estimularán las conversaciones que surjan entre los niños y se velará  porque en el juego compartan los juguetes, se  pidan  las cosas,  etc.  También se les mostrará y explicará cómo hacer  tareas  conjuntas  señalándole a cada pequeño qué debe  hacer.  Por ejemplo, sentarse uno frente al otro y rodar la pelota, o  construir un camino bien largo comenzando cada niño por un extremo.

La educadora acostumbrará a los niños a los juegos colectivos  de forma paulatina, distribuirá meditadamente los juguetes para  que puedan  jugar  tanto individual como en pequeños grupos,  lo  que evitará  posibles  conflictos.  Si el niño  juega  constantemente solo,  el  adulto lo interesará en el juego de otros niños  y  lo estimulará a la actividad conjunta.

Este  ciclo se caracteriza por un gran desarrollo del  validismo, la reafirmación de su yo.  El niño realiza acciones que  demuestran autonomía en su relación con el medio ambiente y los  demás, por esto es un período particularmente fecundo para la  formación de hábitos culturales.  Mediante ellos podrá demostrar progresivamente  la capacidad de valerse por sí mismo e independencia  en el  desarrollo de actividades básicas de  higiene,  alimentación, vestido y orden.

También se les enseñará a sentarse correctamente para que adquieran una buena postura. Con este fin se insistirá en que apoyen la espalda  al respaldo de la silla y afirmen los pies en el  suelo.  Finalmente deben aprender a colocar la silla en su lugar al retirarse de la mesa. Todo esto se hará mediante orientaciones  verbales y demostraciones en los casos necesarios.

En cuanto a los hábitos higiénicos se trabajará para que los  pequeños  se  habitúen a estar limpios, a tales efectos,  se  deben asear cada  vez que sea necesario y bañar diariamente.

Los niños de 2do año se acostumbrarán a estar  limpios durante el proceso  de  alimentación mediante el uso del babero, el  que  se mantendrá  en caso que lo requieran en el 3er año, sobre todo  en el  primer  trimestre, y la utilización de la servilleta  por  sí mismo.

Se iniciarán en el aprendizaje del lavado y secado de las manos y cara,  y  el cepillado de los dientes después del  almuerzo.   La participación de los niños será cada vez más activa, para ello la auxiliar  pedagógica  ayudará en caso necesario,  alternando  con orientaciones verbales, mediante juegos, rimas y canciones.

De  forma sistemática se reforzará  el control de los  esfínteres hasta que los niños sean capaces de comunicar la necesidad de  ir al baño.

Existen  diferencias individuales para la maduración del  control de  esfínteres,  por ello no se comparará a los niños  entre  sí, exigiendo  de todos el mismo control, por ejemplo,  muchos  niños especialmente  los varones, pueden tener necesidad de orinar  con frecuencia.

Aún después de haber logrado regular las funciones de eliminación los  niños pueden perder el control.  Durante las  épocas  frías, pueden mojarse más que en el verano, porque ocurre menos evaporación a través de los poros de la piel. También puede haber retroceso en el aprendizaje, debido a nuevas experiencias, cambios  en el horario para  dormir, ir al baño, enfermedades, etc. Por  ello no se les debe tener sentados en los orinales o tazas  sanitarias durante períodos largos.  Como resultado de esta forma de  proceder,  muchos niños adquieren aversión al baño mismo y a  todo  el plan de entrenamiento.

Se enseñarán desde los primeros momentos, cómo bajarse el  blumer o  short, y sentarse en la taza sanitaria, brindándole  ayuda  en caso  necesario.  Al concluir se limpiarán, ya que ellos en  esta edad  no pueden realizar dicha acción.  En 3er. año se  les  dará papel  sanitario  para que lo realicen por sí mismos  a  modo  de aprendizaje, siempre chequeando después el resultado.

Se trabajará además con el fin de habituarlos a dormir el  horario  establecido.  Es necesario disminuir los estímulos de luz  y sonido del medio ambiente para que duerman profundamente y  despierten  tranquilos.  La preparación de los niños para  el  sueño debe   transcurrir  en  una  situación  tranquila,   sin   prisa manteniendo un estado de ánimo adecuado.  Se hablará en voz baja y se estimulará a los niños a colocar la sillita al lado del  catre, intentar desvestirse y colocar los zapatos debajo de la  silla.

Cuando  el niño es de nuevo ingreso se cuidará de no  cambiar  de modo brusco sus condiciones habituales a la hora de acostarlo; se le puede cargar un poco, hablarle suavemente, estar a su lado  un rato.  Si los niños se levantan caprichosos o pasivos es necesario acariciarlos e interesarlos por su próximo juego o con juguetes, de este  modo se incorporarán animosos  a las actividades.

Para contribuir al desarrollo del validismo en 2do. año se dejará que realicen algunas actividades por sí mismos como por  ejemplo, quitarse las medias hasta la mitad del pie y estimularlo para que se  la  saque; zafarle los cordones o hebillas de los  zapatos  y pedirle  que se los quite; bajarse el blumer o el short;  escoger su ropa.

En 3er. año intentarán realizar algunas tareas por sí solos, como desvestirse,  quitarse  las  medias,  descalzarse  y  tratar  de acordonarse los zapatos, escoger la ropa, utilizar papel  higiénico para limpiarse la nariz, guardar los juguetes al terminar de jugar, a ordenar el área y el salón, etc.

Resulta  muy importante que los niños aprendan a  seleccionar  el peine y la toalla de su lugar.  Para obtener este logro, el  toallero  y peinetero deben estar al alcance de los niños,  y   cada niño  ha  de  tener su identificación, con una   foto  o  figura determinada.  Inicialmente se les enseñará dónde está ubicada su foto o cuál es su simbología y esta acción se repetirá hasta  que logren  identificarla y puedan seleccionar su peine y su  toalla.  Para lograr esta identificación se pueden utilizar juegos.

En  cuanto  a los hábitos de cortesía se enseñará a los  niños  a decir adiós al despedirse, con el gesto y la palabra y a dar  las gracias al recibir la alimentación.

Por su importancia, el trabajo para la formación de hábitos  debe trascender los marcos del círculo infantil llegando a la  familia por  medio de diferentes actividades de orientación  tales  como: charlas, entrevistas, visitas, activos de padres y todas aquellas iniciativas que pueden contribuir a una adecuada educación.

Para  la  organización y ejecución del trabajo  de  formación  de hábitos  culturales se consultará sistemáticamente el folleto  de metodologías en el cual aparecen las formas correctas de trabajar cada uno de los hábitos previstos en la esfera socio moral.

En 3er año ya se pueden dar tareas a los niños con contenido educativo, en forma de encomiendas para la realización de  acciones sencillas.  Se pueden dar encomiendas en los diferentes  momentos del día para que todos los niños realicen algunas en el transcurso de la semana.

Las fundamentales son aquellas relacionadas con tareas que  deben realizar para sí como: cepillarse los dientes, comer solos, descalzarse, etc.  El niño debe sentir la necesidad de realizarlas, y su cumplimiento es de un valor inapreciable para el desarrollo del validismo infantil y de su independencia.

Otras encomiendas que los niños pueden cumplir se vinculan con el trabajo  en la naturaleza y el doméstico o socialmente útil.  Por ejemplo,  los  niños pueden realizar el riego de una  planta;  la limpieza  de sus hojas; dar de comer y cuidar a un animalito;  la recogida, ordenamiento y lavado de algunos juguetes; colocar  las sillas en su lugar.

Estas  encomiendas también son importantes porque desarrollan  el amor por la naturaleza y los educan en el orden.  Para el cumplimiento de éstas se emplean algunos útiles de trabajo tales  como, la  regadera  y el pañito.  Inicialmente se deben  demostrar  las formas correctas para su uso, hasta que los niños puedan realizar estas acciones por sí solos.

Resulta importante que la educadora enseñe al niño a hacer y después  lo estimule a actuar, mediante un recurso  pedagógico.  Por ejemplo,  primero puede enseñar a los niños a recoger el salón  y otro día decirles: ¡Qué regado está el salón!,¡ qué feo luce!, y esperar que ellos actúen por sí solos.

También  puede apoyar el trabajo con títeres, juegos,  canciones, etc.,  que maticen la actividad y motiven a los niños a  realizar la  tarea.   Como por ejemplo: Ana tú "eres grande" ayuda  a  la seño  a recoger el salón, vamos a hacerlo cantando la  canción...  Al  terminar se elogiarán, para que se sientan estimulados  y  se interesen por estas actividades. Es fundamental que estas  actividades resulten interesantes y que los niños comprendan la  utilidad de las mismas.

Las encomiendas en la naturaleza se pueden hacer en el jardín, en el huerto, en canteros o en el rincón de la naturaleza. Se  debe cuidar que no realicen un esfuerzo físico excesivo y que el nivel de   complejidad   se  corresponda  con   las   particularidades individuales y de la edad.

Es preciso lograr un adecuado y sistemático vínculo entre el trabajo del círculo infantil y el hogar, a fin de que exista la  necesaria unidad de criterios entre ambos, en la formación moral de los niños.

Para concluir podemos plantear que educar a los niños  moralmente significa:

- Organizar  en forma adecuada su régimen de vida.  Favorecer  el   desarrollo de hábitos culturales.

- Estructurar su actividad para que en ella, y en la comunicación con todos los que le rodean se materialicen  las cualidades que deseamos educar en él

- Tener  presente que el adulto es siempre el ejemplo a imitar  y por tanto ha de eliminar de sus relaciones la falta de respeto, el tono fuerte, los gritos, la brusquedad, con otros adultos  o con los propios niños, pues todo ello crea un estado  emocional negativo  en  los pequeños y hacen que se  vuelvan  irritables, además, de mostrar un modelo inadecuado que se fija en el niño.

- No olvidar que el estilo de relación de los educadores con  sus niños  educa y favorece la asimilación de estas formas  adecuadas.  En ese "hacer" con los pequeños la educadora es el centro de  la actividad, pues regula las acciones y relaciones de  los educandos al valorarlas, aprobarlas o desaprobarlas.