Melissa es una niña de cinco años. Tenía un grave problema. ¡Se le había perdido un zapato! Nada menos que uno de sus zapatos de pasear y sin ellos no podía ir a la fiesta de cumpleaños de su amiguita, que era al día siguiente.

- Seguro que ha sido Cleo, ese perrito majadero que siempre está haciendo maldades - decía Melissa. Y empezó a buscar su zapato por todas partes.

- Daniel, ¿has visto mi zapato? – le preguntó al niño que vivía en la casa de al lado.

- No, Melissa, no lo he visto, pero puedo ayudarte a buscarlo. Melissa y Daniel siguieron buscando el zapato.

En la acera encontraron a la mamá de Daniel, que también se unió a la búsqueda.

Melissa, allá va Cleo: llámalo – le dijo Daniel.


Pero no fue necesario. Cuando Cleo vio a su dueña, salió corriendo a su encuentro.

Cleo, ¿has visto mi zapato de salir? – le preguntó Melissa enseñándole el compañero.

Nadie hizo caso. Estaban seguros de que Cleo no entendería nada. ¡Cómo se asombraron al verlo dar media vuelta y encaminarse directamente al pueblo!

- Vamos a seguirlo,- dijo la mamá de Daniel-, parece que nos quiere indicar algo.

Cleo entró resueltamente en la tienda del zapatero y los demás lo siguieron.

- ¿Será posible que Cleo sepa algo? – se preguntaba Melissa.

Y por salir de dudas, le preguntó al zapatero:

- ¿Por casualidad estará aquí mi zapato de pasear?

- Claro que sí, Melissa. Tu mamá me lo trajo ayer para que lo arreglara. Ya está listo. Lo hice rápido porque sé que vas a una fiestecita mañana.

-¡Yo nunca pensé que Cleo fuera un perro tan inteligente!

- decía Melissa mientras lo acariciaba.

Y todos regresaron a sus casas hablando de lo ocurrido. Cleo iba delante y de vez en cuando se detenía a mirar el grupo, muy orgulloso, porque sabía que hablaban de él.



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